CategoriesJardineria

¿Qué nos podría preocupar al principio de aventurarnos a crear un jardín acuático de exterior?

Los mosquitos. Está claro que los recipientes con agua son una bienvenida para los mosquitos, pero si está acompañada de pequeños animales la cosa cambia.

Está claro que los recipientes con agua son una bienvenida para los mosquitos, pero si está acompañada de pequeños animales la cosa cambia. Cuando uno llena un recipiente con agua tarde o temprano aparecerá una libélula en estado larvario, cucaracha de agua, o un voraz renacuajo. Las larvas de libélula son voraces predadores y permanecen en estado larvario por más de 2 años, por lo que pueden devorar muchísimas generaciones de larvas de mosquitos. Cuando llegan a adultas, las libélulas se alimentan de mosquitos adultos también. Las cucarachas de agua al igual que los renacuajos también se alimentan de mosquitos. Si además de agradecer la visita de estos, introducimos un sapo o rana, estos consumirán más de 100 mosquitos por noche. Los estanques o charcas, diseñados por nosotros, pueden mantener un equilibrio ecológico. Para los amantes de las tortugas de agua, esta sería también una gran solución pues se alimentan entre otras cosas de mosquitos. Si escogemos la opción de rana, sapo o tortuga deberemos pensar en algún soporte para que puedan entrar y salir. Otra solución y de las más acertadas es la del pez mosquito (Gambusia affinis). Como destaca Wikipedia: Se trata de un pez pequeño, con su boca situada en lo más alto. Este rasgo está relacionado con su especialización en rastrear la superficie del agua, incluso en los rincones entre las plantas flotantes, buscando y devorando larvas y pupas de mosquitos diversos, las cuales habitan en la inter fase con el aire de las aguas, sobre todo las estancadas o lentas. Donde prospera, el ciclo vital se produce con rapidez. Salvo las primeras, menos numerosas, cada puesta consiste en 60 ó 100 alevines; porque se trata de animales ovovivíparos, lo que da lugar a una elevada tasa de supervivencia de los juveniles, y una gran capacidad de expansión demográfica. G. affinis se distingue también por su resistencia a condiciones ambientales adversas o cambiantes. Sobreviven a salinidades muy elevadas, el doble que la del agua de mar, temperaturas altas (hasta 42 °C si es por poco tiempo) y la correspondiente baja oxigenación. Se adaptan entonces a aguas de curso irregular en el tiempo, sobreviviendo incluso en charcas estacionales.

Algunos no estar a favor de dichos peces, pues no son autóctonos y en un hábitat natural desplazan a especies locales. Pero en caso de decantarnos por dichos peces, estos vivirán en un espacio cerrado, estanque, barril….y nunca los liberaremos en un espacio natural, igual haremos con las tortugas y con las mismas plantas. Muchas especies acuáticas introducidas como plantas para jardines acuáticos se han adaptado y han llegado a ser un problema en los hábitats silvestres.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà.